Donald Trump causa problemas en un mercado petrolero volátil.

Los analistas dicen que si los precios siguen subiendo antes de las elecciones, liberará barriles de la reserva estratégica. Se solía decir que los productores de shale de los Estados Unidos eran el nuevo "factor decisivo" en los mercados petroleros globales. Resulta que ese rol está siendo asumido por el presidente de ese país.

Autor: Por: The Economist en La Nación - 08/07/2018


LONDRES.- Se solía decir que los productores de shale de los Estados Unidos eran el nuevo "factor decisivo" en los mercados petroleros globales. Resulta que ese rol está siendo asumido por el presidente de ese país.

En momentos en que los precios del petróleo están en su punto más alto en tres años y medio, los mercados están siendo golpeados por tres fuerzas contrarrestantes desatadas por el presidente Donald Trump: sus objetivos geopolíticos, en particular las sanciones contra Irán; sus objetivos políticos internos, que incluyen bajar los precios de la nafta en los Estados Unidos antes de las elecciones de mitad de período; y su inminente guerra comercial con China. Si no consigue lo que busca, puede contar con un arma peligrosa en la manga: la Reserva Estratégica de Petróleo (REP) de los Estados Unidos. Su intervención corre el riesgo de hacer que la OPEP, el cartel petrolero que es el blanco de su furia, se vea como un parangón de predictibilidad.

Primero, la geopolítica. Pese a un acuerdo con la OPEP liderada por Arabia Saudita y con Rusia de incrementar la producción hasta 1 millón de barriles diarios (b/d), el precio del crudo Brent, un valor testigo, trepo por encima de los US$77 el barril. La causa de esta semana fueron caídas de la producción en Libia y Venezuela, países convulsionados. Pero la trepada de los precios se ve alimentada también por la presión de la administración Trump sobre los aliados de los Estados Unidos para que reduzcan a cero las importaciones de petróleo de Irán hasta el 4 de noviembre, o se arriesguen a castigos por violar las sanciones de los Estados Unidos.

Brian Hook, funcionario del departamento de Estado, dijo el 2 de este mes que más de 50 firmas internacionales, incluyendo también empresas de energía, habían acordado salir de Irán. Aunque Estados Unidos puede permitir que algunos países reduzcan las importaciones en vez de cortarlas por completo, no asegurará perdones. Según Clearview Energy Partners, una consultora, una respuesta de "cero barril" podría hacer que salgan del mercado entre 800.000 y 1,05 millones de b/d de curdo iraní, con el ajuste a partir de septiembre, 60 días de tiempo de embarque antes de que entren en vigor las sanciones.

Las ambiciones iraníes de Trump van en contra de sus ambiciones políticas internas. La subida de los precios del petróleo significa que la nafta en los Estados Unidos oscila en torno de US$3 el galón, en momentos que los estadounidenses salen a los caminos rumbo a sus vacaciones. Si bien algunos estados republicanos producen petróleo y por tanto se beneficiarán de los precios más elevados, el presidente está muy preocupado.

Trump tuiteó sobre la necesidad de que Arabia Saudita suba la producción hasta 2 millones de b/d, un intento inusualmente a cara descubierta de un presidente estadounidense por intervenir en la política interna de la OPEP. La Casa Blanca más tarde dio marcha atrás de su afirmación de que Arabia Saudita había acordado con su pedido, pero afirmó que el reino tiene capacidad ociosa de 2 millones b/d.

Las cosas se complican aún más por el riesgo inminente de la guerra comercial entre los Estados Unidos y China. China ha amenazado con imponer aranceles a las importaciones de petróleo estadounidenses, si se cambia golpe por golpe. Y China puede no respetar las sanciones estadounidenses contra Irán, lo que alimentaría aún más las tensiones.

Todos estos factores pueden compensarse mutuamente. Pero ya han tenido la consecuencia infortunada de poner a Trump junto a los gobernantes de Arabia Saudita y Rusia al mando de la política petrolera global. Quedan desplazados los productores de shale, que no tienen manera de responder a las señales de precios lo suficientemente rápido como para conformar a Trump. Y él puede ejercer su influencia aún más abiertamente. Los analistas predicen que si los precios del petróleo siguen subiendo antes de las elecciones de mitad de período, Trump usará la liberación de 30 millones de barriles de la reserva estratégica de petróleo para inundar el mercado. Eso equivaldría a lanzar una guerra petrolera contra la OPEP y Rusia, junto a la guerra comercial. Y no puede descartarse.