Energía, ambiente y educación.

Paneles solares. Apuesta al futuro en energas renovables. Foto: Daniel Rodrigues/Bloomberg

La educación debe cumplir un papel principal si queremos asumir el esfuerzo de cuidar el Planeta. Eso se logrará no sólo creando mayor conciencia colectiva, sino también apoyando la investigación y desarrollo que apunta a la eficiencia y conservación energética.

Autor: Alieto Aldo Guadagni en Clarin - 08/09/2018



El desafío ambiental de naturaleza global que enfrenta la humanidad en los últimos años exige orientar sin demoras las nuevas inversiones energéticas hacia las tecnologías requeridas para abatir las emisiones de CO2. Esta necesaria tarea de reducir las emisiones generadas por el consumo energético no será fácil ya que, al mismo tiempo, debemos abatir la pobreza con un sostenido crecimiento económico que sea socialmente inclusivo, pero que naturalmente tenderá a aumentar la demanda por energía.

El mundo ha cambiado mucho desde la Revolucion Industrial, ya que durante el siglo XX la humanidad ha producido 19 veces mas bienes y servicios que en el siglo XIX y más que toda la producción acumulada desde los inicios de la presencia humana en la Tierra hasta inicios del siglo XX. Por esta razón, no debe sorprendernos que el cambio climático, de origen esencialmente energético, nos está afectando cada vez más en todos los lugares de la Tierra que, como define la NASA "es nuestra única nave espacial en un viaje muy largo".

Las emisiones contaminantes de CO2 han venido aumentando en los dos últimos siglos porque los combustibles fosiles (carbón, petróleo y gas) han sido y siguen siendo hoy la principal fuente de abastecimiento energético. Estos combustibles fósiles representan en la actualidad el 85% de la producción mundial de energía (petróleo 33, carbón 28 y gas 24%). Las energías limpias no fósiles están cubriendo apenas el 15% del consumo total energético, de los cuales apenas un 4 % corresponde a la energía eólica y la solar.

Se espera que las cosas mejoren en el futuro, ya que las energías no fósiles, que están en acelerado crecimiento, hacia el año 2040 representaran 26 % del total de la oferta energética, con una mayor participación de la eólica y solar, que llegarán hacia el año 2040 al 14 % de la producción total energética. La pregunta es si con esto alcanza para abatir las emisiones contaminantes. La respuesta lamentablemente es no, ya si bien los combustibles fósiles retrocederán en su participación relativa en el total de producción energética, en valores absolutos seguirán creciendo. Es decir, seguirán contaminando aún más el planeta.

Es alentador prever que la generación de energías limpias crecerá mucho en el futuro, 135% hasta 2040. Es decir mucho más que las fósiles que crecerán apenas 18 %. Pero con esto sólo no será suficiente, ya que no alcanza con que únicamente la importancia relativa de los fósiles disminuya, sino que es crucial que también el consumo total de energía fósil sea en 2040 inferior al actual. Y esto no se prevé que ocurrirá. Es necesario que la producción total de fósiles retroceda en valores absolutos. Por eso hasta ahora es insuficiente el previsto retroceso de la importancia porcentual de los combustibles fósiles en la producción total energética.

Las actuales emisiones de CO2 son hoy un 52 % mayores a las del año 1995, año en el cual comenzaron los compromisos impulsados por Naciones Unidas para evitar el deterioro climático, y se prevé que seguirán aumentando en la próxima década. Estamos lejos de cumplir el compromiso del Acuerdo de París (2015) que apuntaba a que el aumento de la temperatura mundial no superaría los 2° C.

Evitar el avance del calentamiento global exige que las actuales emisiones anuales de CO2 se reduzcan nada menos que un 40 % en los próximos 25 años. La educación debe realizar un importante aporte al cumplimiento de esta exigente meta en este siglo XXI, destacándose el papel central de la Universidad, ya que sus diversas facultades deberían, en sus investigaciones y enfoques académicos, prestar atención a cuestiones como éstas: a) Análisis económico de nuevos instrumentos fiscales: tributos a las emisiones de los fósiles contaminantes y estímulos fiscales a las energías limpias. b) Desarrollo de una nueva arquitectura "verde", con nuevos códigos de edificación que apunten a disminuir el consumo de energías fósiles. c) Nuevas normas técnicas que permitan aumentar la producción industrial pero reduciendo al mismo tiempo el consumo de energía y las emisiones contaminantes. Una renovada industria automotriz que reduzca el consumo de combustible por kilómetro. d) Desarrollo del transporte masivo en los centros urbanos y modernización del ferrocarril para cargas y pasajeros. e) Tecnologías para expandir las nuevas energías limpias (solar, eólica y mareomotriz) y los emprendimientos hidroeléctricos. Captura y almacenaje del CO2.

La educación debe cumplir un papel principal en el esfuerzo que deberemos asumir para cuidar nuestra Casa Común, no sólo ayudando a crear una mayor conciencia colectiva sobre la responsabilidad ambiental de esta generación, sino también ayudando al esfuerzo de investigación y desarrollo necesario para mejorar la eficiencia y la conservación energética. La Tierra es "nuestra única nave espacial", y como dijo Obama en su visita a Córdoba: " Somos la última generación que puede hacer algo por el cambio climático".

Alieto Aldo Guadagni es miembro de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente