La transformación más profunda, y silenciosa, de la Argentina.
La conformación social está mutando más rápido de lo previsto por una abrupta baja de la natalidad, sin paralelo a nivel global; en 2040 habrá más población pasiva que activa; el impacto económico del envejecimiento poblacional y las reformas educativas en análisis
Autor: LA NACION Jorge Liotti - 18/01/2026
La aceleración continua es probablemente la característica más saliente del siglo XXI. Todos los procesos sociales, económicos y políticos que antes demoraban décadas en plasmarse, ahora se espiralizan al compás de los algoritmos. Incluso las transformaciones demográficas, que por su naturaleza siempre fueron las más pausadas, ahora pueden dar varios giros dentro de las vivencias de una misma generación.
La Argentina está experimentando un fenómeno con características únicas en el mundo, que ya genera impactos muy amplios y concretos. Como ocurre en muchos países occidentales, desde hace tiempo asiste a un progresivo envejecimiento poblacional, producto de una serie de factores como la evolución de la medicina y los mejores hábitos en la alimentación y el cuidado físico.
Pero al mismo tiempo, sufre una drástica caída en la tasa de natalidad, que se ha producido de un modo tan abrupto que no reconoce comparación a nivel global. Como si se tratara de un tsunami demográfico, a partir de 2014 la cantidad de nacimientos se redujo en el orden del 40% a nivel nacional, aunque en la ciudad de Buenos Aires, que en muchos aspectos anticipa tendencias que después se amplifican, llegó a casi 50%, ya que los nacimientos pasaron de 1,8 hijos por pareja en 2015, a 1,1 diez años después. Es como si de pronto se hubiese impuesto una ley secreta que limita los embarazos a un hijo por pareja, al estilo chino. Para tener de referencia, la tasa de recambio natural de una población para mantenerse estable es de 2,1 hijos por grupo familiar.
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