Las lecciones de Carney, el hombre del momento.
El primer ministro de Canadá causó impacto global con su discurso en Davos; mostró firmeza sin arrogancia y realismo con principios; ofrece un modelo de liderazgo que está vacante en la Argentina
Autor: LA NACION Luciano Román - 29/01/2026
Hay un nombre que hoy está en boca de todo el mundo: el de Mark Carney, primer ministro de Canadá. Generó un impacto global con su discurso en Davos, una pieza oratoria de altísimo nivel con la que se plantó frente a los atropellos y la prepotencia de la Casa Blanca. Pero ¿qué es lo que ha impresionado y ha llamado tanto la atención? Tal vez, más que las aristas geopolíticas de su postura, lo que ha deslumbrado es un estilo de liderazgo: firme, pero no arrogante; enérgico, pero no agresivo; audaz, pero no temerario.
Desde la vidriera internacional de Davos, Carney marcó un tácito y nítido contraste con un estilo que en las últimas décadas ha tendido a imponerse en distintas naciones y que tiene en Donald Trump a su máximo exponente: son liderazgos ultrapersonalistas, que ven el mundo a partir de sí mismos, que se creen poseedores de verdades absolutas, que exigen subordinación y obsecuencia, que desprecian la complejidad y los matices de las cosas, dividen el universo entre “buenos y malos” y se ven como “salvadores” de la humanidad. Ejercen el poder con agresividad, desprecian las formas como un rasgo de “tibieza” y ven en la crítica o la discrepancia una afrenta intolerable.
Carney, un economista profesional que dirigió el Banco Central de su país y luego fue reclutado –en una decisión histórica– para conducir el Banco de Inglaterra, exhibió otra naturaleza de liderazgo: pragmático, pero apegado a valores y principios; firme en las ideas, pero suave en las formas. Escenificó virtudes que tal vez luzcan pasadas de moda en la política de muchos países: mesura, cortesía, respeto y cultura, combinadas a la vez con altas dosis de coraje, realismo y determinación.
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