La ficción consentida del Presidente.

Javier Milei Alfredo Sábat

Milei declaró, ante el Congreso y en la JP Morgan de Nueva York, que la moral será con él una política de Estado; lo hizo con Mahiques en Justicia, y mientras se conocía que Adorni subió a su esposa al avión presidencial

Autor: LA NACION Carlos Pagni - 12/03/2026


Una tarde de febrero de 2004, en la residencia del embajador argentino en España, Néstor Kirchner le aconsejó al banquero Francisco Luzón: “No miren lo que digo. Miren lo que hago”. Buscaba inversiones. Javier Milei persigue el mismo objetivo. Aunque su indicación debería ser la inversa: “Miren lo que digo. No miren lo que hago”. Ambos requerían, como todo político, la persistencia de lo que el gran Halperín Donghi llamaba “la ficción consentida”.

Milei inauguró una “Semana Argentina” en la magnífica sede de JP Morgan, en Park Avenue y 47, una torre de Norman Forster que acaso sea la obra arquitectónica más sofisticada que se haya realizado, a escala global, en los últimos años. Allí recitó otra vez su cantar de gesta en favor de la perfección de los mercados. Despotricó, como de costumbre, contra quienes intervienen en esos mecanismos utilizando el poder del Estado. Repitió, con variaciones mínimas, lo que había dicho en Davos y en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso.

Lo mejor que podría pasar es que los hombres de negocios que estaban en la sala se vieran satisfechos con esa profesión de fe. Pero el empeño de Milei para inspirar la confianza que demanda la inversión está amenazado por el riesgo de que ellos también miren lo que hace. En ese caso, podrían sorprenderse con la distancia que existe entre su manual de instrucciones y su régimen de prácticas.

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