La tentación populista del Presidente.

Santiago Caputo en la presentación del informe de gestión de Manuel Adorni Santiago Oroz

El Gobierno muestra una pulsión contraria a la esencia del liberalismo; Mahiques está armando un Poder Judicial completo; la reacción de Santiago Caputo y la visita de Leonardo Scaturicce

Autor: LA NACION Carlos Pagni - 30/04/2026


La esencia del liberalismo es la sacralización de la autonomía personal. Ese respeto no es irrestricto porque los individuos deben ceder parte de su libertad con el propósito de construir una organización que gestione la vida en común. Esa organización se llama Estado. Para evitar que esa entidad se vuelva, avasallante, contra quienes le otorgan esa capacidad, se establecen dos instituciones que, para cumplir su misión, deben ser independientes. La Justicia y la prensa.

Esta es la razón por la cual todo intento de concentración de poder en las manos de un caudillo está obligado a, tarde o temprano, entrar en conflicto con el Poder Judicial y con el periodismo. Esa pulsión por romper los límites está en la esencia del populismo. Si se trata, en lo económico, de un populismo estatista o de un populismo privatista, es anecdótico. Todas las variantes convergen en la misma tentación autoritaria.

Javier Milei está pisando la arena de esa contradicción. La demostración más reciente fue la escena montada ayer en la Cámara de Diputados para respaldar al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que está siendo investigado por enriquecimiento ilícito. Milei llevó al recinto a todo su gabinete y se comportó como el jefe de una barra que desafía el trabajo de jueces y fiscales y también el trabajo de la prensa. No debería sorprender este enfrentamiento. Como ha sostenido infinidad de veces Santiago Caputo, en las redes sociales, el oficialismo no se ve a sí mismo como un movimiento liberal. Es cierto, ya que a lo primero que renuncia es al pluralismo. Sus dirigentes no conciben la política como un intercambio entre sectores con distintos puntos de vista, sino como un campo en el que se enfrentan amigos y enemigos. Milei expresa todos los días esta mentalidad. Para él quien opina distinto expone una inferioridad intelectual o una perversión moral. Sólo por esas deficiencias se pueden poner en duda sus creencias, que son de una veracidad evidente. Advertir este estilo puede entrañar alguna dificultad por un detalle engañoso: la de Milei es una propensión autoritaria que se despliega bajo el slogan “viva la libertad, carajo”, que es la consigna de un partido que se llama La Libertad Avanza.


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