“Riesgo enemigo”: un país que se niega el saludo.
Varias escenas de los últimos días muestran una Argentina dividida, condicionada por rencores y desentendida de las obligaciones que implica el funcionamiento institucional
Autor: LA NACION Luciano Román - 30/04/2026
Un país enemistado y fracturado.
En esas cinco palabras cabe la conclusión sobre la Argentina a la que podría haber llegado un observador extranjero que haya leído, en los últimos días, las noticias locales. Habría visto, por ejemplo, que en la misa que se celebró en Luján por el primer aniversario de la muerte de Francisco, el oficialismo y la oposición evitaron cruzarse hasta la mirada. Habría tomado nota, además, de que la vicepresidenta de la Nación desistió de ir a esa ceremonia para no sentarse al lado de funcionarios de su propio gobierno. Después habría visto que el titular del PJ bonaerense faltó al acto en el que debía traspasarle ese cargo partidario al gobernador de la provincia para eludir una foto con él.
Aquel observador imaginario también habría notado, acaso con asombro, que en un ámbito cultural como el de la Feria del Libro la intolerancia ya se ha convertido en una costumbre: como en los últimos años, se sometió al secretario de Cultura a griteríos e insultos para “tapar” su discurso. Esta semana habría observado, para completar el cuadro, que el presidente Milei evitaba saludar, en la cena de la Fundación Libertad, al expresidente Macri.
Parecen, a simple vista, partes inconexas de la realidad, pero se encastran unas con otras para formar un puzle: el de la Argentina dividida, condicionada por rencores y desentendida de las obligaciones que implica el funcionamiento institucional. No es un paisaje exactamente novedoso, pero confirma el agravamiento de una cultura pública basada en antagonismos extremos, en el desprecio por el que piensa distinto y en el desafío cada vez más grosero a las normas elementales de cortesía y urbanidad en la arena política. Se imponen, sin embargo, algunos interrogantes de fondo: ¿Es solo una degradación de las formas de relacionamiento cívico o expresa algo más riesgoso para el sistema de gobierno? ¿Es una mera ruptura de los rituales republicanos o implica una erosión de los estándares mínimos de convivencia que requiere la democracia?
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