Dogmatismo tóxico de pronóstico reservado
Le interesaba vivamente alertar sobre los “enemigos internos” del liberalismo. Y no tenía empacho en culpar a muchos economistas, concretamente a aquellos que introducían el “dogmatismo liberal”. “Esos insensatos llegaron a creer que el mercado era una panacea y resolvía todos los problemas, y eso no es verdad -advertía Mario Vargas Llosa-. Eso nunca lo dijeron los grandes pensadores liberales: Adam Smith, Hayek, Popper o Berlin. Ninguno.
Autor: LA NACION Jorge Fernández Díaz - 03/05/2026
Sí que un país necesita un mercado libre para integrarse al mundo. Pero los problemas sociales y culturales son tan importantes como los económicos para que un país progrese. Y si uno cree que el mercado es la única forma de resolver todos los problemas, uno no es un liberal. Uno es un dogmático. Y por ese camino se llega muy fácilmente al autoritarismo”. El autor de El llamado de la tribu es por estos días un fantasma presente, tanto en la Fundación Libertad, donde Javier Milei se deleitó vapuleando a la mitad del auditorio, como en la Feria del Libro, donde su secretario de Cultura se dedicó a frasear intrascendencias y provocaciones. La voz autorizada de Vargas Llosa regresa desde el pasado para separar la paja del trigo y para contradecir el gran relato en boga: el dogmatismo economicista conduce a “la creencia de que un gobierno fuerte puede ser más eficaz que uno democrático con esas limitaciones, con esos formalismos que frenan, obstaculizan las medidas. Sin embargo, esos frenos son los que limitan el poder. Otra de las grandes pasiones del liberalismo: limitar al poder. Que es un peligro en sí mismo. Y si un poder crece demasiado recorta, a la corta o la larga, las libertades. Y sin esas libertades no hay verdadero progreso para una sociedad”.
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