Sale a la luz el problema del liderazgo de Milei.
El Presidente parece congelado ante el recrudecimiento de la interna libertaria; su desafío de la hora no es lograr que Karina y el “Mago” Caputo se lleven bien, sino reabsorber la autoridad que dispersó entre ambos
Autor: LA NACION Carlos Pagni - 21/05/2026
Desde hace mucho tiempo viene llamando la atención el nivel de agresividad con que se despliegan las luchas internas en el oficialismo. Pero el último episodio, el duelo entre Martín Menem y Santiago Caputo a propósito de que salió del anonimato la cuenta “Periodista Rufus”, de la red social X, plantea un inconveniente mucho más serio: la incapacidad que viene exhibiendo Javier Milei para disciplinar a las figuras más relevantes de su entorno. En otras palabras: sale a la luz un problema de liderazgo.
La dificultad que presenta Milei en este caso genera perplejidad. Su imagen hasta ahora era la de un jefe implacable. Alguien capaz de decapitar colaboradores con los que había tenido una relación muy duradera, como Nicolás Posse o Guillermo Francos, sus primeros dos jefes de Gabinete. Alguien que también está en condiciones de desconcertar, con aplicaciones maquiavélicas de frío y de calor, a un aliado como Mauricio Macri. Esas habilidades se están volviendo intrascendentes, ya que quedó al desnudo la parálisis que exhibe el Presidente en el conflicto entre sus principales escoltas: su hermana Karina y el “Mago del Kremlin” Caputo. Frente a ellos dos Milei está detenido.
Se podría buscar la raíz de esta limitación en el plano emocional. Karina y el “Mago” son dos personas con las que tiene un vínculo afectivo incomparable. Sin ir más lejos, acaba de confesar que “Santiago es un hermano”. Sería bueno saber cómo recibió esa noticia tan tardía la secretaria general de la Presidencia: la fratría ya no es de dos, sino de tres. En términos políticos, la del cariño es una interpretación superficial.
La peculiaridad que distingue el vínculo de Milei con sus “hermanos” es que, a diferencia de todos los demás integrantes de su equipo, ellos son depositarios de un monto muy importante de poder. Karina administra una función indelegable, que es la materia prima de la política: la relación del Presidente con los seres humanos. Venerada por él, ella parece ser la única que conoce la subjetividad del Presidente y, sobre todo, el régimen volcánico de sus emociones. Cuando le preguntan por sus ambiciones en la vida pública, ella contesta con una aclaración: “Yo sólo estoy aquí para cuidar a mi hermano”.
" Documentos para ver haga click aqui