Insultados y reportados : un clima político intoxicado por la violencia verbal.
Alrededor del poder se premian el señalamiento y la delación; “marcar” al “enemigo” es la forma de ganarse el aval presidencial. Un clima espeso y enrarecido emana del poder.
Autor: Por Luciano Román LA NACION - 10/10/2026
Alrededor del Presidente se respira una atmósfera viciada en la que el odio parece ser un sentimiento dominante. Eso tiene efectos prácticos: rige, en la galaxia oficialista, una convocatoria tácita a “marcar” disidentes, a ejercer una vigilancia sobre el discurso público. Se incentiva una especie de delación; se premia el señalamiento de personas por algo que dijeron o dejaron de decir. La forma de lograr un “like” o un aval del jefe de Estado no es con una propuesta o una idea, sino haciéndose notar en X con la descalificación de alguien, con un agravio o una réplica dirigidos a un “enemigo” seguro. El líder se regodea en ese juego: celebra al que individualiza un “culpable”, al que “desenmascara” a un “enemigo”. Él se encarga de ejecutar el linchamiento en las redes y de practicar el bullying de Estado; un ritual de humillación que incluye el insulto desbordado, la burla despiadada, el sobrenombre brutal. Es una lógica que no es nueva, pero luce exacerbada. Y que genera, hacia abajo, una mezcla de perturbación y estupor que afecta la convivencia.
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