"Es la Bioeconomía, estúpido"

Javier Milei en Estados Unidos. Con Bill Clinton en Nueva York. (Foto: MFBuente)

Hay una oportunidad "clásica y moderna" para la agroindustria argentina. ¿Le habrá dicho esa frase Bill Clinton a Javier Milei, este lunes en Nueva York? Pensando en lo que viene, sabemos que las dificultades son enormes. Pero también sabemos, y ahora con altísimo consenso social, que el agro está del lado de la solución.

Autor: Héctor Huergo editor de CLARIN RURAL - 01/12/2023


Sacándole el pie de encima, habrá un salto productivo fenomenal. Estamos estancados desde hace 15 años. En el mismo período, los vecinos del Mercosur triplicaron la producción agrícola y expandieron la transformación de granos en proteínas animales. La región, a pesar del default argentino, se convirtió en la canasta de alimentos del planeta, aportando seguridad alimentaria y un cambio cualitativo en la dieta global, a través de la abundante provisión de proteínas animales de alto valor.

Es el momento de acoplarse. La Argentina puede duplicar las exportaciones agroindustriales rápidamente, recuperando el tiempo perdido. La designación de Fernando Vilella el frente de Agricultura es una excelente señal. También lo es el amplio consenso que se percibe en todos los actores cruciales de las cadenas, que han decidido brindarle un soporte explícito: la convocatoria es el martes próximo a las 18, en un espacio inédito y sumamente sugestivo.

Se trata de “Casa Guerrero”, en San Telmo. Es un lugar que pusieron a disposición los descendientes del ganadero que trajo a Virtuoso, el toro fundador de la raza Aberdeen Angus en la Argentina, allá por 1879. Allí funcionaba el escritorio de la cabaña “Charles”. Carlos Guerrero fue un extraordinario innovador. Además de la introducción de un núcleo genético formidable desde Escocia, implementó los primeros silos torre de hormigón, que todavía jalonan el paisaje de aquella estancia.

Este año se celebró también el bicentenario de la llegada de Tarquino, el toro Shorthorn que inauguró la mestización del ganado criollo. Luego vino Niágara (1862), comprado por Leonardo Pereyra para su cabaña San Juan. Los “elegidos de los criadores”, Tarquino, Virtuoso y Niágara, fundaron el primer y casi único negocio histórico de la Argentina. La epopeya de la “Revolución de las Pampas”, con la alfalfa que vinieron a sembrar los gringos.

Las colonias, las estancias, los ferrocarriles, los frigoríficos en los puertos. Para abastecer a la Inglaterra de Dickens, en plena revolución industrial, que demandaba carnes de calidad. Nadie podía competir con estas pampas. Como subproducto, se expandió la agricultura, con las grandes compañías exportadoras globales invirtiendo en puertos, molinos y malterías. Fuimos granero del mundo.

Después, perdimos el rumbo. Es el momento de recuperar aquélla dinámica, pero con todos los atributos del conocimiento. La nueva tecnología, la irrupción de una camada de jóvenes empresarios con ganas de encontrar el agujero del mate, y que no quieren perder más tiempo. Han encontrado en Vilella y su equipo un gran catalizador para ponerle contenido a una nueva historia. Aquí venimos hablando de “La Segunda Revolución de las Pampas”, que viene a media máquina. Es el momento de subirse al tren.

Y el tren tiene nombre nuevo, y sugestivo. “Es la Bioeconomía, estúpido”, ojalá le haya dicho Bill Clinton a Javier Milei en el almuerzo que celebraron este lunes en Nueva York. Bioeconomía es un concepto mucho más amplio que “Agricultura, Ganadería y Pesca”. Porque invoca a la economía circular, al valor agregado en el marco de la enorme oportunidad que implica estar del lado bueno en la problemática del cambio climático. Vilella se puso al hombro el concepto hace ya tiempo, martillando con que a la Vaca Muerta hay que sumarle la Vaca Viva.

La agricultura argentina exhibe la mejor huella de carbono a nivel global. En el Congreso de Maizar, la entidad que preside Pedro Vigneau, quien forma parte del equipo de Vilella, se mostró que el maíz de estas pampas es por lejos el más eficiente del mundo en términos ambientales.

La siembra directa, los cultivos de cobertura, la biotecnología, la nutrición razonada y por ambientes, pusieron a la Argentina en la vanguardia de la nueva agricultura. Muy por delante, tecnológicamente, de la que se practica todavía hoy en los países desarrollados, donde (ahí sí) la agricultura forma parte del problema. La Agenda 2030, que tanto preocupa a algunos del palo, es una gran oportunidad para el agro argentino, que puede certificar sus productos con sellos de calidad ambiental insuperables.

La idea de los grandes actores del sector es rodear a Vilella y darle soporte, sobre todo cuando se sabe que las grandes cuestiones que definen el futuro se juegan en el ministerio de Economía. Es interesante que al frente del área haya un funcionario que no pertenece a ningún segmento específico de las cadenas agroindustriales. Que por otro lado no han logrado unificar un mando y un discurso común, entretenidos en rencillas intra sectoriales, prorrogando la decadencia. En la vanguardia hay consenso y ganas de poner el hombro. Se expresará en el grito de Casa Guerrero.

El tren está pasando ahora, el que avisa no traiciona.