En el sur, las estrellas brillan más.

Maíz en siembra directa en Africa. El sistema tecnológico desarrollado en Argentina es un modelo de exportación de agricultura y cuidado del ambiente.

Aapresid y Exponenciar se unen para mostrarle al mundo las soluciones argentinas que hace décadas resolvieron el actual dilema entre producción y sustentabilidad. Un paso muy fuerte en el liderazgo argentino en la transición hacia una nueva agricultura. Ese es el significado principal de la alianza estratégica rubricada esta semana entre AAPRESID (la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa) y Exponenciar, la organizadora de Expoagro.

Autor: Héctor Huergo editor de Clarin Rural - 20/01/2024


El acuerdo implica la organización del Congreso de AAPRESID por parte de Exponenciar, que por primera vez se celebrará en Buenos Aires, donde, mal que nos guste, atiende Dios. Los detalles del acuerdo están en la página 6 de esta edición de Clarín Rural, pero aquí van algunas reflexiones.

El Congreso de AAPRESID es el think tank del agro. Allí acuden, en forma presencial, miles de profesionales y productores, entre ellos los líderes de las principales empresas de las cadenas bioeconómicas. No fue magia. Este tanque de pensamiento se fue forjando naturalmente, como bajada a tierra de la innovación que nació desde las entrañas del tejido social del agro. Una visión compartida que se fue retroalimentando desde cuando Victor Trucco le juntara la cabeza a los pioneros de la siembra directa, hace 34 años.

Los unía el “mambo” de difundir un sistema de producción con eje en la conservación del principal recurso, el suelo, basado en la Siembra Directa (SD). Y dándole cristiana sepultura al arado, que había acompañado al crecimiento de la agricultura desde el Neolítico.

No se hablaba en aquellos tiempos ni de huella de carbono, de emisiones de CO2, de calentamiento global. Simplemente los unía la visión de que la agricultura tradicional generaba erosión hídrica y eólica. Piso de arado, que impedía la acumulación de agua en el perfil y limitaba la penetración de las raíces. Voladuras de campo, con la comprensión de las enseñanzas de Jorge Molina, el maestro de todos, cuando decía “lo que vuela no es la arena, es la fertilidad”. La arena era lo que quedaba cuando se perdía la estructura del suelo, por la lapidación de la materia orgánica a través del laboreo.

Esta nueva agricultura, procuraba aumentar la productividad sin los efectos negativos propios de los esquemas de labranzas. Ni se imaginaban lo que vendría después. La SD es una auténtica respuesta al gran dilema entre producción y sustentabilidad que hoy enfrenta la especie humana: producir alimentos, fibras y biocombustibles, manteniendo en equilibrio las variables económicas, éticas, ambientales y energéticas de nuestra sociedad.

De pronto, la humanidad advirtió que pendía sobre ella la amenaza del cambio climático. Puso en foco a todos los sectores de la actividad económica y social, reclamando que cada cual hiciera su parte. La agricultura, en 10.000 años de evolución, se había convertido en parte sustancial del problema. Pero aquí hace tres décadas dimos vuelta la taba. El mundo desarrollado sigue rehén de las prácticas milenarias.

Pero desde estas pampas avanzamos con la siembra directa. Con la biotecnología, la nutrición biológica (inoculantes). Y luego con los cultivos de servicio, el “siempre verde”. Hoy el que mete una herramienta es mirado de reojo por los vecinos.

Se fue abriendo una brecha. Hay grieta entre la agricultura argentina y la de la Vieja Europa. O incluso en Estados Unidos, donde la mayor parte de los farmers sigue cautivo de la tradición. Basta observar la diferencia entre lo que se ve en nuestras exposiciones, como Expoagro, y las grandes exhibiciones europeas. En Expoagro no se ve un arado desde hace 25 años y es la exposición más grande del mundo en su tipo.

En las primera expodinámicas, lo más convocante era la cinchada de arados. Aquí se terminó. Afuera, no. Estuvimos recientemente en la Agritechnica de Hannover. Más de la mitad de la superficie dedicada a arados y otros implementos de tortura de los suelos.

Allí nos encontramos con Marcelo Torres, presidente de AAPRESID. Estaban también los directivos de Exponenciar, que desde hace años organizan la presencia de empresas argentinas en Agritechnica. Difundiendo nuestra forma diferente de hacer las cosas, en línea con las demandas globales de la época.

Ahora AAPRESID y Exponenciar unen esfuerzos. En el horizonte está la oportunidad de salir al mundo con nuestras soluciones. Todos hablan de sustentabilidad, de agricultura regenerativa, de huella de carbono, de huella hídrica. Aquí ya lo estamos haciendo.

Jorge Castro, nuestro columnista, con frecuencia recuerda una cita de Borges: el cielo está lleno de estrellas, pero brillan mucho más desde el sur. Y aclaraba que no era cuestión de chauvinismo.

Es el momento de mostrar que desde aquí estamos proponiendo una nueva historia. Esta juntada de Exponenciar con Aapresid potencia la propuesta. Al mundo.