Argentina, ante la tercera transformación del capitalismo.

La relevante discusión sobre la desregulación y la apertura debe considerar no ya el análisis sobre el pasado reciente sino también la necesaria adecuación al futuro inminente.

Autor: Marcelo Elizondo EN CLARIN - 24/01/2024


Plantea Robet Adkinson (Information Technology & Innovation Foundation) que las tecnologías digitales han generado el tercer gran cambio histórico en el modo de generar valor, riqueza y soluciones. Y que emerge un “tercer capitalismo”.

Explica que el primer gran cambio ocurrió cuando, a través de la consolidación de la revolución industrial y especialmente en la segunda mitad del siglo XIX, las grandes empresas reemplazaron la producción micro y artesanal preindustrial.

Y que la segunda tuvo lugar cuando el capitalismo basado en el poder de los dueños de aquellas empresas fue desplazado por el de los managers (los accionistas, en las “managerial corporations”, delegaron la toma de decisiones), luego de la segunda guerra mundial. Pero advierte que estamos ahora ante la tercer gran transformación organizacional del capitalismo, que se instaura a través de la plataformización (“platform economy”).

Las empresas ya no actúan solas sino en alianzas, y el soporte son las plataformas digitales en las que, además de su relacionamiento con sus clientes, se vinculan con sus socias y proveedoras. Esta plataformización no alcanza solo a los prestadores de servicios digitales (plataformizados) sino que tiende a llegar a casi todas las empresas, que sostienen sus vínculos verticales y horizontales a través de ella.

La teoría habla ya de una dependencia (“platform-dependent firms”) para referirse a quienes recurren a las plataformas digitales como instrumento aunque no sean “naturales” en ellas.

Expresa Chris Mc Laren (University of Technology, Sydney) que una plataforma digital es un ecosistema con múltiples actores que conecta usuarios, prestadores de servicios y proveedores de recursos con productores y comercializadores amplificando el valor económico. Y advierte que ellas están extendidas a casi todas las actividades económicas.

Las plataformas son mucho más que las convencionales que los simples usuarios tenemos en nuestros smartphones: son espacios no-físicos en los que las empresas (además de negociar, intercambiar, cobrar y pagar, generar capital intelectual) se relacionan ente ellas y con sus clientes.

Y es a través de sus clientes que obtienen el más relevante recurso de la nueva economía: “data”. Dice Bill Schmarzo (National University of Ireland Galway) que emerge una nueva disciplina: la nanoeconomía, que consiste en poner al cliente no ya como destinatario final del producto sino como proveedor de insumos (data) en el proceso productivo, por lo que el cliente es ahora parte del proceso productivo mismo.

La revolución de la inteligencia artificial acelera este movimiento de modo abismal.

Asistimos a un nuevo tiempo en el que las empresas de éxito tienden a participar en este incremental nuevo fenómeno en cuatro medidas posibles: total o parcialmente, directa o indirectamente.

Desde las automotrices en su comercialización hasta los generadores de productos agrícolas en la información trazable requerida, pasando por los prestadores de servicios (como el esparcimiento o las finanzas) y hasta los productores de varias manufacturas (como la indumentaria o los electrónicos).

Pero el “plataform capitalism” (capitalismo de plataformas) se instaura donde hay condiciones. Y ellas se presentan donde se respeta el derecho de propiedad (incluyendo sus nuevas modalidades propias de la época), se ofrecen flexibles formas de contratación, el financiamiento innovativo es accesible, los recursos humanos adecuadamente formados están disponibles, la conectividad digital es potente y la internacionalidad está garantizada. Esto último es crítico: la nueva economía supera fronteras y allí donde ellas obstruyen, el atraso empobrece.

Como consecuencia, se está produciendo hoy una intensa discusión política mundial (en la que los acomodamientos geopolíticos juegan su relevante rol) sobre el modo de conceder una arquitectura legal a estos fenómenos para garantizar pero no obstaculizar su florecimiento: hace algunos años lo que se movía fácil de un mercado a otro eran los capitales financieros, pero iniciamos una etapa en la que lo que también se mueve fácil son los propios procesos productivos.

La Argentina está discutiendo hoy un relevante nuevo marco de referencia para su economía a través de las iniciativas de la nueva administración. Lo que es muy significativo.

Una paradoja del nuevo capitalismo es que es -a la vez- más autonomista en las empresas (porque el intervencionismo retrasa la innovación) pero también más asociativo, porque se forman espacios comunes a través del vínculo de actores productivos privados (siendo estos espacios “públicos no gubernamentales” -que incluyen inversores, inventores, organizadores, financiadores, trabajadores, comercializadores y prestadores varios-).

Lo estatal pierde la primacía en lo colectivo. Lo cual concede a las empresas un rol mucho mayor que el de meros fabricantes/comercializadores. Los espacios públicos no gubernamentales son ámbitos digitales, suprafronterizos e (una gran novedad) intraregulados.

Así, la relevante discusión que por esos días tiene lugar en Argentina sobre la desregulación y la apertura debe considerar no ya el análisis sobre el pasado reciente sino también la necesaria adecuación al futuro inminente.

El capitalismo ha ingresado en una nueva fase para la cual el sobreintervencionismo obstruye. Y lo que Argentina hoy discute determinará su participación en esa fase. Ya recomendaba Walt Disney preguntarse, simplemente, si lo que estamos haciendo hoy nos llevará a donde queremos llegar mañana.

Marcelo Elizondo es especialista en negocios internacionales. Presidente de la International Chamber of Commerce (ICC) en Argentina.